Teognis de Mégara

En el goce de la juventud me deleito,
pues una vez se extinga mi aliento bajo tierra,
sin voz, como la roca, largo tiempo yaceré;
atrás dejaré la amada luz del sol,
y aun siendo valeroso, nada ya contemplarán mis ojos.
Teognis de Mégara, poeta griego, siglo VI a. C.
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Safo de Lesbos

Igual parece a los eternos dioses
quien logra verse frente a ti sentado:
feliz si goza tu palabra suave,
suave tu risa.
A mi en el pecho el corazón me oprime
sólo con mirarte: ni la voz acierta
de mi garganta a salir; y rota
calla la lengua.
Fuego sutil dentro mi cuerpo todo
presto discurre: los inciertos ojos
vagan sin rumbo, los oídos hacen
ronco zumbido.
Cúbrome toda de sudor helado:
pálida quedo cual marchita hierba
y ya sin fuerzas, sin aliento, inerte,
muerta parezco.
Safo de Lesbos, poetisa griega siglos VII-VI a. C.
‘No me importa decir he muerto’ de María Lainá
No me importa decir he muerto
lo sé porque me pongo a mi lado
ensimismándome poco a poco
dentro de algo distinto
perduro
La belleza no me duele ya
he dejado de ser cualquier cosa
Concretamente he dejado de desear
porque antes yo no era sino eso
tenía miedo
vacío en todas partes
la nada me contiene.
María Lainá, poetisa griega (s. XX)